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El Corzo

Artiodáctilo de la familia de los cérvidos; mide 1,30 m de longitud y 75 cm de alzada, medida en la región sacra; la cola es cortísima, de unos 2 cm. El peso oscila entre los 20 y 25 kg. El pelaje invernal es castaño grisáceo, con espesa lanilla; el de verano es cerdoso y de color herrumbre; en los jóvenes aparece moteado de blanco. Vive en pequeños rebaños en las selvas y bosques de Europa y Asia. En España se encuentra en todas las zonas montañosas con pinares, jarales, y en el monte de roble bajo.

El pelo de la cría del corzo presenta una tonalidad rojiza, con manchas blancas en las zonas de las ancas. Esta coloración se mantiene hasta fines de otoño, época en que el animal adquiere pelaje invernal castaño grisáceo.

En primavera se renueva la cornamenta del macho, lo cual coincide con la recuperación de sus instintos fieros.

La corza vela celosamente por su cría, a la que advierte de cualquier peligro para que se oculte entre la maleza.

Área de dispersión del corzo. Este cérvido habita las regiones templadas de Europa y Asia. Todos los corzos pertenecen a la misma especie, pero se distinguen numerosas variedades geográficas.

El Corzo

(Capreolus capreolus)

El CORZO ofrece un aspecto bastante tosco.

Descripción:

La cabeza es obtusa y corta; el cuello delgado, más largo que la cabeza; el cuerpo relativamente robusto, es grueso en la parte delantera y más bajo en la cruz que en la región sacra; las patas son altas y delgadas, de pesuños pequeños; los ojos, grandes y vivos, tienen largas pestañas en los párpados superiores, y los sacos lacrimales son muy pequeños, apenas insinuados.

Distribución

Este animal se halla ampliamente difundido en Europa y Asia, excepto en el extremo más septentrional y en el meridional. Su actual distribución revela a menudo la intervención del hombre.

Hábitat

Dentro del área que habita, el corzo vive tanto en los bosques de árboles de pequeña altura como en las grandes selvas de árboles corpulentos, y lo mismo en la llanura que en la montaña. Asimismo los bosques pantanosos constituyen una de sus moradas predilectas. En invierno desciende a los valles y en verano retorna a las montañas, buscando mayor altitud a medida que la temperatura aumenta.

Comportamiento

No es un animal sedentario en el verdadero sentido de la palabra, siéndolo tan sólo en aquellos lugares en los que se considera completamente seguro. Siente una verdadera pasión por la libertad y goza de ella mucho más que el ciervo o el gamo.

Sus movimientos son ágiles y elegantes: da saltos portentosos, con los que salva anchos fosos y pasa, sin dificultad, por encima de setos y matorrales. Nada y trepa muy bien; además es astuto y prudente, aunque bastante confiado por naturaleza. Mientras es joven resulta un animal muy simpático por su mansedumbre; pero al envejecer se vuelve testarudo, desabrido y de mal carácter.

El macho adulto pierde los cuernos entre octubre y noviembre: pero a fines de marzo, o a más tardar a primeros de abril, los nuevos han alcanzado su completo desarrollo. Entonces el animal pierde la mansedumbre que lo caracterizaba cuando se hallaba privado de sus armas, si bien no ha alcanzado el grado de inquietud que demostrará más adelante.

Su comportamiento varía hacia mediados de julio, cuando, empujado por un encendido instinto de lucha, se aleja de sus compañeros para vagar solitario por el campo, dispuesto a atacar a cuanto macho se tropieza.

Alimentación

El corzo se alimenta habitualmente de yemas y brotes de árboles, cereales verdes y distintos tipos de hierbas. Le gusta la sal y tiene necesidad de agua pura: después de las grandes lluvias se conforma con las gotas que quedan sobre las hojas y, en caso de necesidad, aprovecha incluso el rocío.

Reproducción

Después de la fecundación, el óvulo de la hembra permanece estacionario cerca de cuatro meses, es decir, hasta la mitad de diciembre, en cuyo momento empieza a desarrollarse con singular rapidez. Por lo tanto, la gestación tiene una duración de unas cuarenta semanas.

Cuatro o cinco días antes del parto la hembra se retira a un lugar aislado del bosque. Las jóvenes suelen dar a luz una sola cría en cada parto, y las de edad más avanzada, dos y a veces tres. La madre esconde a los recién nacidos durante el mayor tiempo posible y al menor peligro les advierte del mismo golpeando el suelo con una pata o emitiendo un silbido especial. En los primeros días de vida, cuando aún están incapacitados para defenderse, la madre, en caso de peligro, se aleja de la yacija y se deja ver ostentosamente para atraer al enemigo hacia ella. Ocho días después del parto, la hembra lleva a sus hijos a pastar y pasados diez o doce días más ya son lo bastante robustos para seguirla a todas partes.

En libertad, la vida media del corzo es de unos doce años. Esta media se reduce a unos siete si el animal se halla en cautividad.

El corzo pierde las astas a mediados de otoño. La carencia de sus defensas naturales confiere mansedumbre a este animal de condición habitualmente agresiva.

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