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Ñandú - ZooWeb Plus

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El Ñandú

Estrucioniforme de la familia de los réidos, de hasta 1,80 m de altura. Tiene el cuello muy largo, patas largas y fortísimas y pies tridáctilos. El plumaje es negro, con tonos amarillos, grises y blancos. Vive en pequeños grupos, y se nutre de vegetales y pequeños animales. El macho incuba las puestas efectuadas por varias hembras, en un hoyo ancho que excava él mismo.

El ñandú presenta una forma particular de poligamia, ya que, si bien el macho constituye su propio harén, la nidificación, la incubación y la cría de los polluelos son de su exclusiva incumbencia.

La cabeza del ñandú es de color ceniciento con la parte superior de la cabeza de color negro. Esta coloración es más destacada en el macho. Su pico es fuerte y casi del largo de su cabeza, aplanado y ancho en la base con el extremo redondeado.

Los hábitats en los cuales se distribuye el ñandú tienden a ser secos; por tal motivo prefieren criar a sus polluelos cerca de ríos, lagos y pantanos.

Los ñandúes prefieren las llanuras abiertas y espaciosas con baja vegetación. No se los encuentra en bosques o selvas.

Las alas del ñandú están algo más desarrolladas que en las especies del grupo de las ratites, pese a lo cual, tampoco permiten al ave desplazarse volando. Utiliza las alas para mantener el equilibrio durante la carrera y para cortejar a las hembras, generar distracción y exhibirse ante sus competidores.

Área de dispersión del ñandú. Es endémico de Argentina, Bolivia, Brasil, Paraguay y Uruguay, llegando, en su límite sur, al noreste de la provincia de Río Negro en Argentina. En cuanto a la elevación, se lo encuentra desde las llanuras hasta los 1200 m de altitud.

El Ñandú

(Rhea americana)

El ÑANDÚ, también conocido como Ema o Suri, e incluso Avestruz Americano, es un ave corredora de gran porte, aunque menor que el avestruz africano.

Descripción

Los ñandúes son aves de largo cuello y cabeza pequeña, pico aplanado y ancho en la base pero redondeado en el extremo, lengua carnosa y corta. Son mayormente de color gris con algunas zonas más pálidas. Sus alas terminan en una punta córnea y sus plumas son llamativas, muy grandes, anchas y blandas. Sus patas son largas, robustas, terminadas en 3 dedos, y están desnudas hasta el tobillo. Las hembras son de menor tamaño que los machos y tienen la base del cuello y el pecho más claros.

Llegan a medir 180 centímetros de altura y sus alas no le permiten volar, sino que las usan para mantener el equilibrio durante la carrera.

Distribución

Habita todas las llanuras sudamericanas, desde el Brasil hasta la Patagonia; se la encuentra en las pampas que se extienden desde el Atlántico a la cordillera andina, desde las selvas vírgenes bolivianas, el gran Chaco, Paraguay, Brasil y Uruguay hasta el extremo meridional de Argentina.

Hábitat

Es un ave de zonas esteparias que evita montañas y bosques para establecerse tanto en las colinas como en las llanuras. Es común verlo en campos y zonas agrícolas abiertas, principalmente de baja vegetación (hasta 50 cm), donde pueden anidar con cierta seguridad, alimentarse mientras vigila y, en caso de peligro, poder huir rápidamente.

Comportamiento

Cada macho es acompañado de cinco a siete hembras; este grupo habita un cierto territorio en que el macho impide que entre algún rival. Cuando pasa la época de celo se agrupan varias familias, llegando a ser un total de sesenta o más individuos, los cuales no generan lazos estrechos ya que se separan con facilidad.

Excelente corredor, su paso promedio mide cincuenta y cinco centímetros y cuando trota con las alas desplegadas, sin prisa aparente, da pasos de un metro; si se siente perseguido da saltos de un metro y medio. A menudo cambia de dirección en su carrera, levantando un ala y bajando la otra para conservar el equilibrio. Logra saltar zanjas de hasta tres metros, agitando las alas para darse impulso. Pasa corrientes de agua a nado pero evita las pendientes empinadas ya que le resulta difícil ascender por ellas.

La denominación de “ñandú” imita el grito del macho en la época de celo. Fuera de este período machos y hembras emiten un sonido sibilante, mientras que los pequeños pían como pavos. Estas aves acostumbran resoplar para demostrar su enojo.

En la época de más calor acostumbra dormir durante el día  y muestra su mayor actividad al anochecer.

En la libertad sólo se muestra agresivo con los otros machos, pero en cautiverio ataca a picotazos y coces a cualquier ser que se le aproxime.

Alimentación

Su dieta principal consiste en pastos e insectos. En áreas agrícolas se alimentan de alfalfa y de dicotiledóneas. También come roedores y  reptiles de tamaño reducido, aunque en muy pequeña cantidad, así como frutos y hojas. Ingiere piedras pequeñas para facilitarse la digestión, de la misma forma en que hacen las gallináceas.

Parece que el rocío y la lluvia le fueran suficiente; rara vez se lo ve bebiendo. Cuando lo hace, sorbe el agua con el pico y traga levantando la cabeza como hacen las gallinas.

Reproducción

El macho es apto para la reproducción a los dos años. En octubre, a comienzos de la primavera, reúne un harén constituido por entre tres y siete hembras y expulsa a picotazos a todo rival que pretenda introducirse en su territorio. Se exhibe realizando extrañas danzas ante las hembras que lo rodean: camina con las alas separadas y colgantes, inicia su carrera, modera su velocidad y prosigue a un paso majestuoso, se inclinas hacia el suelo y reemprende la danza, mientras que emite un grito sonoro y grave.

Es el propio macho quien nidifica, excava en el suelo un hoyo poco profundo en el que acumula hierba seca. La puesta consta de huevos de color blanco amarillentos de unos trece centímetros de diámetro longitudinal, cuya cantidad es variable y oscila entre siete y cuarenta. El peso de cada uno es de casi un kilogramo. El macho expulsa a las hembras que no han completado la puesta, por lo que éstas se ven obligadas a poner los últimos huevos fuera del nido.

Es el macho quien efectúa la incubación. Inicia empollando por la noche y hasta la mañana, cuando se evaporan las gotas de rocío. Deja el nido ante el menor ruido y no regresa hasta pasado el supuesto peligro, pero con el tiempo se va haciendo más cuidadoso y sólo abandona la nidada si el peligro es inminente.

La eclosión se produce a las seis semanas de efectuada la puesta y es también el macho quien le brinda los cuidados que necesitan, sin que las hembras tengan  intervención alguna.

Subespecies

Actualmente se reconocen cinco subespecies de ñandú que difieren en algunas características y en el rango de distribución.
La subespecie Rhea americana americana es la más grande de todas y se distribuye en casi todo Brasil, exceptuando el extremo sur y suroeste del país.
Rhea americana intermedia se limita al sur de Brasil, más específicamente al estado de Rio Grande do Sul, y a Uruguay.
A Rhea americana nobilis se la encuentra al este de Paraguay
Rhea americana araneipes está dispersa por el chaco paraguayo, Bolivia, y el estado de Mato Grosso en Brasil.
La subespecie Rhea americana albescens se distribuye en las llanuras argentinas al sur de la provincia de Río Negro.

El ñandú y el hombre

Debido a su gran tamaño, el ñandú siempre fue apreciado por su carne, huevos, cueros, grasa, huesos, por distintas culturas indígenas, por los gauchos, e incluso por la sociedad de hoy día. En la pampa argentina, los huevos de ñandú se consideran muy apetecibles y se consumen con la técnica de perforarlos por un extremo para sacarles la clara que tiene poco gusto, se introduce sal y pimienta y se cocina en la misma cáscara sin dejar de remover.

También es común la caza y posterior liberación del ave para quitarle las plumas, las cuales son comercializadas en forma de artículos de limpieza y vestimenta. Además se come la carne del animal la cual, si bien es bastante consumida en el ambiente rural, no tiene mucho mercado para explotarla de manera comercial. Recientemente algunos países como Uruguay, Canadá, Estados Unidos e Inglaterra han comenzado a valorar la carne del ñandú, aunque no a gran escala.

Tradicionalmente, se han usado varias formas para proceder a su caza, de las cuales la más curiosa es realizada por jinetes, la que consiste en perseguirlo y arrojarle boleadoras. Cuando el ñandú ve aproximarse al jinete intenta engañarlo deteniendo su huída y dejándose caer como si estuviera muerto.

Todo esto ha hecho que el ñandú se considere como "cercano a la amenaza" ya que se estima que su población ha disminuido a un ritmo que la está acercando a la categoría "vulnerable".

Los ñandúes nacidos en cautiverio pierden su habilidad para reconocer depredadores, principalmente si han estado aislados de ellos por varias generaciones. De acuerdo al tiempo de aislamiento, algunas reacciones de defensa quedan en la memoria del animal, permitiendo a conservacionistas aplicar técnicas para incrementar las respuestas anti-depredadores. De esta manera se podría reintroducir la especie en la naturaleza y habría mayores posibilidades de supervivencia. Pero esto aún es un experimento en desarrollo y aún no hay pruebas con animales reintroducidos.

La mayor parte del tiempo, los ñandúes lo dedican a la búsqueda de alimentos. Esto es realizado con un paso lento, manteniendo la cabeza a menos de 50 cm del piso, interrumpido por momentos esporádicos de vigilancia en los cuales levanta la cabeza y explora el área en busca de posibles peligros.

Bibliografía

www.zoowebplus.com