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La Vicuña

Artiodáctilo de la familia de los camélidos. Alcanza una altura en la cruz de 85 cm a 120 cm y un peso de 60 kg para los machos y 40 kg para las hembras.

La madre olfatea atentamente al recién nacido con la punta del hocico y memoriza su olor para poder identificarlo en adelante. No ingiere la placenta, y no lame ni ayuda al pequeño.

Gracias a su hocico, que es muy delgado, las vicuñas seleccionan sin dificultas los brotes verdes y tiernos, que están mezclados con los tallos más gruesos en las matas dispersas de las plantas herbáceas.

En el caso del guanaco, al igual que en la vicuña, mientras da de mamar, la madre abandona toda actividad. Adopta la actitud de vigilancia característica, con el cuello erguido y las orejas echadas hacia atrás. Con frecuencia, vuelve la cabeza para inspeccionar los alrededores, al acecho de la menor perturbación. Durante los momentos de descanso, el pequeña se acurruca contra el cuerpo protector de su madre.

Durante los veinte primeros minutos, el recién nacido intenta desesperadamente tenerse en pie. Al cabo de 45 minutos podrá ya galopar distancias cortas. Durante los cinco primeros días, no se separa de su madre.

La lana de la vicuña es de calidad superior y alcanza cotizaciones muy altas en el mercado. Ello ha dado lugar a que este camélido sea objeto de una persecución implacable.

Anteriormente, su área de distribución se extendía más al norte, especialmente en una gran franja situada al sur de Ecuador y de norte a sur de Perú. Hoy en día, esa zona se ha reducido y comprende la parte central de Perú, el oeste de Bolivia, el noroeste de Argentina y el norte de Chile.

La Vicuña

(Vicugna vicugna)

La VICUÑA (Vicugna vicugna), ocupa las llanuras abiertas rodeades de colinas pedregosas y de escarpaduras rocosas. Se trata de lugares de clima frío, seco y ventoso. Las precipitaciones son estivales y las temperaturas suelen situarse por debajo de los 0ºC.

La vicuña se desenvuelve en un medio natural árido, situado a 4.000 m de altura. En este desierto, el frío es intenso, el grado de humedad bajo, y la variación entre la temperatura diurna y nocturna a veces es muy grande. La escasa vegetación se compone de algunos arbustos y de plantas herbáceas rasas y muy dispersas.

La especificidad de los territorios de alimentación, defendidos cada uno de ellos por un macho adulto, supone una notable adaptación a la naturaleza, ya que limita el exceso de pastoreo y reserva las mejores zonas a las hembras reproductoras. Cada uno de estos territorios (de 18 hectáreas de promedio) es conservado por las vicuñas mediante el pastoreo regular, lo que favorece que las partes verdes rebroten e impide la floración y el desarrollo de tallos duros.

No resulta fácil saber lo que come la vicuña. En este medio de vegetación rasa, los investigadores tienen dificultades para identificar la planta en el momento en que es consumida; en lugar de ello, examinan el estado de las plantas tras el paso de las vicuñas o bien analizan sus excrementos, que contienen elementos no digeridos.

A pesar del poco alimento de que dispone, la vicuña es muy selectiva. Su fino hocico se adapta perfectamente a la selección de las hierbas jóvenes de entre los tallos más duros. Además, sabe cómo encontrar los brotes tiernos escondidos bajo las piedras, donde se conserva la humedad, y evita comer las hierbas grandes y duras.

A diferencias del guanaco, la vicuña tiene que beber todos los días. Pero para hacerlo debe esperar a media mañana, cuando los abrevaderos ya se han deshelado.

El cuello de la vicuña es largo y musculoso y sirve de balancín durante la marcha. También lo utiliza para golpear al adversario. La lana que cubre la cabeza y el cuello es menos gruesa que la del resto del cuerpo. La vicuña, totalmente cubierta de una lana espesa de 2,5 cm, combate a la vez con ella la irradiación intensa del día y las noches glaciales de la puna (las altiplanicies desérticas de los Andes). Algunas mañanas de invierno especialmente frías, soporta sin problemas las capa de escarcha que le recubre el pelaje. Asimismo, la lana adquiere reflejos que cambian según la incidencia de la luz y que confieren al animal cierto mimetismo.

La cola de la vicuña es corta, rojiza por la parte superior y blanca por la inferior. Durante el combate, o en caso de peligro, adopta una posición arqueada. Sus patas, largas y delgadas, están adaptadas para las carreras veloces en terreno pedregoso. Las patas posteriores lanzadas hacia atrás, buscan la cara del perserguidor. Su pechera está adornada por unos pelos largos, blancos y ásperos. El macho adulto la exhibe con frecuencia para intimidar a rivales y adversarios.

El sistema social de las vicuñas está muy estructurado. Una parte de los machos adultos vive con un harén formado por dos o tres hembras y sus crías. Los machos establecen dos territorios: una zona de alimentación, que se utiliza durante el día y un territorio de descanso, situado más arriba y frecuentado por la noche. Ambas zonas suelen estar unidas por una franja de terreno que hace las veces de corredor. El macho defiende vigorosamente el acceso a estos territorios. De este modo, las hembras del harén se benefician de una zona protegida.

El resto de los machos, adultos y jóvenes expulsados de los harenes, se reúnen para formar grupos que no llegan, por lo general, a los 30 machos célibes. Los machos territoriales empujan a estos grupos, que constituyen un potencial genético de reserva, hacia pastos menos buenos.

Entre estas dos estructuras, algunos machos adultos solitarios intentan establecer su propio territorio y atacan a los machos del harén para ocupar su lugar y quedarse con las hembras, o bien hostigan las fronteras de los territorios instalándose en su periferia. En este segundo caso, tendrán que esperar varios meses antes de que puedan formar su propio harén.

La vicuña macho, muy tolerante mientras circula por zonas neutras, se vuelve irascible al entrar en su territorio. Rechaza enérgicamente a los otros harenes o a los gruposde machos que circulan por su zona de alimentación. Esta zona se encuentra sembrada de montículos de excrementos de unos 2 m de diámetro. Por la mañana, cuando llegan al territorio de alimentación, las vicuñas olfatean cuidadosamente los montículos. Se cree que estos actúan más como signo de identificación del territorio que como marca destinada a impedir el acceso a los extraños.

El macho territorial corteja a las hembras de su harén durante la estación lluviosa, en abril, inmediatamente después del período de nacimientos. Intenta montar a la hembra, no para fecundarla, sino para obligarla a echarse en el suelo, donde tendrá lugar el apareamiento. Si la hembra rechaza las aproximaciones del macho, huye al galope proyectando las patas posteriores hacia atrás. La gestación dura once meses y medio; las hembras son muy precoces, ya que pueden dar a luz a su primera cría a partir de los dos años de edad.

El 90% de los nacimientos, se produce durante la estación lluviosa, entre febrero y abril. La mayoría de las crías nace por la mañana, de forma que por la tarde están secas para afrontar las tormentas de granizao casi diarias, así como las noches glaciales.

Durante las dos primeras semanas, la madre huye con la cría hacia zonas altas a la menor señal de alerta. Hasta que alcanza los 4 meses, el pequeño pasa gran parte del tiempo con sus compañeros de juego de los territorios vecinos. De hecho, solamente las llamas muy pequeñas están autorizadas a traspasar los límites de los distintos territorios sin ser inquietados por los machos de los harenes. De este modo, realizan el aprendizaje de la vida social con total libertad. Hacia los 4 meses de edad, su lana empieza a adquirir un color rojizo y comienzan a crecer los pelos largos y blancos de la pechera característicos de la vicuña.

En setiembre, el macho joven, de 7 meses, abandona de vez en cuando el territorio del harén y termina por integrarse en una manada de célibes. Cuando alcanza la madurez sexual, ya está capacitado para vivir solo e intenta establecer su propio territorio.

El destino de las crías hembra es distinto. Expulsadas del harén hacia los 10-12 meses de edad, se incorporan a veces a un grupo de machos a la espera de integrarse en otro harén.

La domesticación de la vicuña parece un viejo sueño y la riqueza que lleva a cuestas ha dado pie a numerosos intentos. Los antiguos pobladores, que domesticaron la llama y la alpaca, seguramente intentaron lo mismo con la vicuña. Pero este animal, de naturaleza nerviosa, sigue en estado salvaje y se muestra feroz incluso tras varias generaciones en cautividad. En ámbitos muy cerrados los machos se baten entre sí y agreden a las hembras. Si están encerradas en cercados, como las ovejas, las vicuñas pueden llegar a matarse precipitándose contra las cercas en las noches de tormenta.

Las vicuñas, muy ocupadas en su alimentación, tienen poco tiempo para descansar durante el día; por eso rumian por la noche.

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